Nocturno en tren, amanecer en altura
Subir a un tren nocturno, leer un rato bajo luz cálida y despertar cerca de montañas abre posibilidades mágicas. Con desayuno sencillo en la estación, un autobús corto acerca al inicio del sendero. La primera ascensión quita el sueño restante y regala miradores limpios. Se enlazan dos refugios en tres días sosegados. El retorno, otra vez en raíles, permite repasar con sonrisa cada collado mientras la noche recoge, suave, la última mirada.